"LECCION DE VIDA"
--¿Cómo te llamas?
-- Me llamo Juan Carlos, profesor.
-- Pues quiero que te largues de mi clase y no quiero que vuelvas a matricular otro curso impartido por mí — dijo el profesor casi gritando.
--Pero, profe…
--¡Largo de aquí!
Juan Carlos, desconcertado, se levantó torpemente, recogió sus cosas y salió del aula. El resto de los estudiantes nos quedamos perplejos e indignados, pero nadie dijo nada.
El profesor se volteó hacia nosotros y preguntó:
--¿Para qué sirven las leyes?
Todos estábamos asustados, pero logré sobreponerme al miedo y dije:
--Para que haya orden en la sociedad.
--¡No!— gritó el profesor.
--Las leyes se hicieron para cumplirlas—dijo con voz trémula una compañera de clase.
--¡No!-- volvió a rugir el profesor.
--Para que los delincuentes paguen por sus fechorías—dijo otro de mis compañeros.
--¡Tampoco, tampoco!—expresó el profesor con molestia-- ¿Será que nadie sabe responder esa pregunta?
--Las leyes sirven para que haya justicia—dijo tímidamente una chica.
--¡Por fin!—exclamó el profesor--. Eso es, para que haya justicia, muy bien. ¿Y para qué sirve la justicia?
Todos los estudiantes nos sentíamos molestos por su actitud déspota y grosera. Sin embargo, nadie protestaba. Uno de mis compañeros levantó una mano.
--Para salvaguardar los derechos humanos.
--¿Y para qué más?—indagó el profesor.
--Para discriminar lo malo de lo bueno—dijo otra estudiante--. Para premiar a quienes hacen el bien.
--No está mal, pero quiero algo más concreto—dijo el profesor--. Díganme ¿actué correctamente al expulsar a Juan Carlos?
El aula se quedó en silencio.
--¡Quiero que respondan a mi pregunta!—ordenó el profesor.
--¡No!—contestamos a coro.
--¿Les parece que cometí una injusticia?
--Sí—respondimos todos a la vez.
--¿Y por qué no dijeron nada?—preguntó el profesor-- ¿Para qué queremos leyes y regulaciones si no disponemos de la valentía para hacerlas cumplir? Cada uno de ustedes tiene la obligación de actuar contra las injusticias. Todos tiene esa obligación y ese deber. ¡No vuelvan a quedarse callados nunca más ante algo mal hecho!
Después se viró hacia mí y me dijo:
--Vete a buscar a Juan Carlos. Está en la rectoría.
Camino de la rectoría me di cuenta de que el profesor nos había dado una magistral clase de enseñanza activa.
En la noche, mientras cenaba con mis padres y conversábamos sobre mi futuro, miré fijamente a mi padre y le dije: “Hoy he aprendido algo muy valioso: que cuando no defendemos nuestros derechos y callamos ante la injusticia perdemos la dignidad y que la dignidad no es negociable”.
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Por un nuevo anticastrismo.Alejandro Armengol, Miami .
Por un nuevo anticastrismo
Un anticastrismo que entiende lo ocurrido en la Isla como un proceso con razones y causas, pero que ha desembocado en un destino falso
No es que el exilio de Miami ha dejado de ser anticastrista, sino que el anticastrismo ha cambiado de forma. En buena medida ha echado a un lado el ser vocinglero y pueril. Reducido a grupos cada vez más debilitados en números e ideas, el perseguir músicos, y regodearse en la nostalgia de una Cuba anterior a 1959.
El nuevo anticastrismo incorpora los valores culturales de esa época y tira por la borda la exaltación pueblerina de un país plagado de pobreza, corrupción y asesinatos. Condena a la dictadura de Fulgencio Batista pero con más fuerza aún al régimen de Castro, aunque no se pierde en comparaciones destinadas a desvirtuar ese sendero de caminos que se bifurcan que es la historia del país. Entiende lo ocurrido en la Isla en más de medio siglo como un proceso con razones y causas, que llegó a transformarse en un destino espurio por la ambición de unos cuantos y los errores y las indecisiones de muchos.
Durante décadas se ha otorgado validez histórica y política a los planteamientos de un grupo cuya única representatividad en la situación cubana actual emana del control férreo del poder y los mecanismos represivos. Quizá para algunos con ello sea suficiente, pero hay poco mérito en esa banda de aprovechados que ni siquiera han intentado desarrollar una nación sobre cadenas, y simplemente la han explotado al capricho y la conveniencia del momento.
Tampoco en la actualidad queda mucho mérito que reconocer cuando se habla del “exilio histórico”, en cuanto a vigencia política. La imagen de éste ha sido secuestrada por una serie de arribistas que adaptan a su beneficio cualquier actitud frente al régimen de La Habana. Líderes que en ocasiones se han aliado o han simpatizado con las peores dictaduras militares latinoamericanas, así como con corruptos al estilo de Alberto Fujimori, Arnoldo Alemán y Carlos Menem, para citar algunos ejemplos; partidarios de un totalitarismo de derecha para el futuro de Cuba.
La falsa división entre el “yo estaba aquí y tú acabas de llegar” esconde también la existencia de organizaciones, líderes exiliados y puntos de vista que no responden al estereotipo de una comunidad intransigente e ignorante, fácil de manipular por demagogos del micrófono.
El nuevo anticastrismo admite el diálogo con Cuba, que no es sinónimo de complicidad con La Habana. Reniega de farsantes y está en contra de legisladores que no lo representan en Estados Unidos. No quiere agitadores en Washington sino hombres y mujeres capaces que se preocupen por sus distritos respectivos, sean Miami o Nueva Jersey o cualquier otro. Rechaza la demagogia porque la conoce demasiado. Está a favor de la cordura y la simpatía; rechaza los discursos altisonantes de cualquier orilla. No quiere una vuelta al pasado. Apuesta por el futuro.
Queremos creer que el régimen de La Habana agoniza presa de su inmovilismo. No es así. Sin embargo, el proyecto revolucionario está agotado. La diferencia no es sutil sino real. Desaparecidos los hermanos Castro, Cuba iniciará una nueva etapa. No volverá la vista atrás, mirando por encima de casi cinco décadas y borrando tantas huellas. Cualquier proyección sobre el futuro de la Isla debe hacerse desde el presente. No intentando un regreso a los años cincuenta.
La nostalgia sirvió por un tiempo para enriquecer a unos cuantos en Miami. No tiene sentido como programa de gobierno. El régimen castrista no es un paréntesis en la historia de la nación, un apéndice que se puede eliminar sin el menor rastro. ¿Quiénes de los tantos que repiten a diario su discurso estéril en la radio exiliada conocen la realidad cubana? El ejercicio de desconsuelo —el intento de vender el pasado bajo una forma de futuro— solo ha logrado edificar altares de ignorancia y fabricar líderes de pacotilla.
Igualar la falta de vigencia del modelo imperante en la Isla con la proyección que mantuvo primero Fidel Castro, y ahora Raúl, de constituirse en símbolos vivientes de la resistencia contra el “imperialismo yanqui” es caer en el viejo error del anticastrismo de café de esquina. El fin de ambos hermanos no será el desplome inmediato del sistema imperante, aunque especialmente la muerte de Fidel Castro significará el fin de la época en que un régimen ha fundamentado su permanencia en la “legitimidad de origen” obtenida por el triunfo frente a la dictadura de Batista.
No hay que igualar un fin con un comienzo. En el exilio se ha confundido un efecto con una causa, y en vez de analizar las razones que explican la estabilidad del gobierno cubano, hay una apuesta, al desnudo o más o menos encubierta, de cifrar las esperanzas —mejor sería decir sus ilusiones— en la muerte de Fidel Castro.
Nada mejor para los intereses de La Habana que este desenfoque. A fin de cuentas, se trata de una jugada estratégica que ha rendido sus frutos, pero a la cual, involuntariamente o no, hemos colaborado todos
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"CARTA ABIERTA DE UN JOVEN QUE SE HA IDO"
Carta de un joven que se ha ido
Estimado Rafael Hernández,
He leído con mucho interés su “Carta a un joven que se va”. Me he sentido aludido, porque hace dos años me marché de Cuba, tengo 28 años y vivo en Pomorie, una ciudad balneario situada en el este de Bulgaria. La razón por la que le escribo es para intentar explicarle mi postura como joven cubano emigrado. Sin solemnidades ni verdades absolutas, porque si algo me ha enseñado dejar mi país, es descubrir que esas verdades no existen.
Puede que algunos de los que nos hemos marchado en los últimos años (somos miles) tengan claro el momento en que decidieron hacerlo. Yo no. Lo mío fue progresivo, casi sin darme cuenta. Empezaría con ese recurso tan cubano que es la queja. Por nimiedades, tal vez. Por lo que no hay, por lo que no llega, por lo que pasa, por lo que no pasa, por no saber. O no poder. La queja no es grave, lo grave es que se cronifique como una enfermedad cuando nada parece resolverse. Y uno puede aceptar que eso es así, y es tu país para lo bueno y para lo malo, o pasar a la siguiente categoría, que es la frustración. O sea, descubrir que la solución a la mayoría de los problemas no está en tus manos. O no te permiten hacerlo. O aún más triste: no parece importar.
Abandonar o permanecer en tu país es una decisión muy personal que nunca debe juzgarse en términos morales. Yo elegí este camino porque quería un futuro diferente al que veía en Cuba, y salí a buscarlo consciente de que podía salir mal, pero quise correr ese riesgo. No voy a mentirle diciendo que fue doloroso. No lloré en el aeropuerto. Todo lo contrario, me alegré. Le digo más, me liberé.
Tiene usted razón cuando dice que mi generación carece de esos lazos emocionales que generan experiencias como Playa Girón, la Crisis de Octubre o la guerra de Angola. Pero no se equivoque, yo también he tenido mis epopeyas. A lo mejor no tan épicas, pero sí igual de demoledoras. En estos veintidós años que menciona, he visto degradarse el país por el tanto lucharon mis padres. He visto marchar a mis maestros de primaria y secundaria. He visto a familias discutir por el derecho a comerse un pan. He visto el malecón lleno de gente nerviosa gritando contra el gobierno, y gente aún más nerviosa gritando a su favor. He visto a jóvenes construyendo balsas para huir quién sabe a dónde, y a una turba lanzando mierda de gato contra la casa de un “traidor”. Incluso, Rafael, he visto a un perro comiéndose a otro perro en la esquina habanera de 27 y F. Y también he visto a mi padre, que sí estuvo en Angola, con el rostro pálido, sin respuestas, el día que un custodio de hotel le dijo que no podía seguir caminando por una playa de Jibacoa (frente al camping internacional) por ser cubano . Yo estaba con él. Yo lo vi. Tenía diez años, y un niño de diez años no olvida cómo la dignidad de su padre se va a la mierda. Aunque haya vuelto de una guerra con tres medallas.
Me habla usted de las conquistas sociales de la Revolución. De la educación y la medicina. Voy a hablarle de mi educación. Tuve buenos maestros, y cuando se marcharon fueron sustituidos por otros menos preparados que, a su vez, fueron reemplazados por trabajadores sociales que escribían experiencia con S y eran incapaces de señalar en un mapa cinco capitales de Latinonamérica (esto no me lo contaron, lo viví) Mis padres tuvieron que contratar maestros privados para que yo aprendiera de verdad. No lo pagaban ellos sino una tía mía radicada en Toronto. De modo que si somos honestos, buena parte de la formación que tengo se la debo a los clientes del restaurante griego donde trabajaba mi tía. Pero hay más. En tiempos de mi hermana mayor era extremadamente raro que un alumno sacara una nota de cien. En mi época el cien se volvió algo común, no porque los alumnos fuésemos más brillantes sino porque los profesores bajaron sus exigencias para maquillar el fracaso escolar. ¿Y sabe una cosa? Yo tuve suerte, porque los que venían detrás de mí en vez de maestros tuvieron un televisor.
De la medicina poco tengo que decirle porque usted vive en Cuba. Y salvo el hecho de mantenerse la gratuidad, cosas que admito sigue siendo meritoria, el estado de los hospitales, la precariedad de unos médicos mal pagados y la creciente corrupción empujan cada vez más al sistema de salud hacia ese tercer mundo del que tanto hizo por alejarse. Y lo cierto es que, hoy en día, un cubano que maneje divisas tiene más posibilidades de recibir un tratamiento mejor (haciendo regalos o incluso pagando) que uno que no lo tenga, aunque sea de forma ilegal. Y aunque la constitución diga otra cosa. Por triste que resulte admitirlo, Rafael, la educación y la medicina de la que disponen los cubanos de hoy es peor que la que disfrutaron mis padres.
Usted dice que el país hace un gran esfuerzo, que existe un embargo. Y yo le respondo que también existe un gobierno que lleva cincuenta años tomando decisiones en nombre de todos los cubanos. Y si estamos en el punto en el que estamos, lo más sano es que admitiera que no ha sabido, o no ha podido, o no ha querido hacer las cosas de otra forma. Por la razones que sea. Porque el fracaso también está cargado de razones. Y en vez de atrincherarse con sus figuras históricas en el Consejo de Estado, debería dar paso a los que vienen detrás. Rafael, es muy frustrante para un joven de mi edad ver que en Cuba llevamos 50 años sin que se produzca un relevo generacional porque el gobierno no lo ha permitido. Y no hablo de que me den el poder a mí, que tengo 28 años. Hablo de los cubanos que tienen 40, 50 o incluso 60 años y no han tenido nunca la posibilidad de decidir. Porque las personas que hoy en día tienen esas edades y ocupan puestos de responsabilidad en Cuba no han sido formados para tomar decisiones, sino para aprobarlas. No son dirigentes, son funcionarios. Y ahí incluyo desde ministros hasta los delegados de la asamblea nacional. Son parte de un sistema vertical que no da margen para que ejerzan la autonomía que les corresponde. Todo se consulta. Y contrario a lo que dice el refrán: en vez de pedir perdón, todos prefieren pedir permiso.
Dice usted que en mi país se puede votar y ser elegido para cargos desde los 16 años. Y que la presencia de jóvenes delegados ha bajado desde los años 80 hasta ahora. Incluso me advierte que si seguimos marchándonos, habrá menos jóvenes votando y por tanto menos elegibles. Y yo le pregunto: ¿De qué sirve mi voto? ¿Qué puedo yo cambiar? ¿Qué han hecho los delegados de la asamblea nacional para que me interese por ellos? Seamos sinceros, Rafael, y creo que usted lo es en su carta, así que yo también quiero serlo en la mía, ambos sabemos que la asamblea nacional, tal y como está concebida, solo sirve para aprobar leyes por unanimidad. Resulta paradójico llamarle asamblea a una institución que se reúne una semana al año. Tres o cuatro días en verano y tres o cuatro días en diciembre. Y en esos días se limita a aprobar los mandatos del Consejo de Estado y de su Presidente, que es quien decide lo que se hace o no se hace en el país. Lamentablemente, yo no puedo votar a ese presidente. Y no sabe cuánto me gustaría hacerlo.
Hace unos días escuché a Ricardo Alarcón confesarle a un periodista español que él no cree en la democracia occidental “porque los ciudadanos solo son libres el día que votan, el resto del tiempo los partidos hacen lo que quieren...” Aunque fuera así, que no lo es (al menos no siempre, y no en todas las democracias), estaría reconociendo que desde que yo nací, en 1984, los electores en Estados Unidos, por ejemplo, ha tenido siete días de libertad (uno cada cuatro años) para cambiar a su presidente. Algunas veces lo han hecho para bien, y otras para mal. Pero esa es otra historia. Un joven de New Jersey que tenga mi edad ya ha tenido dos días de libertad para, por ejemplo, echar a los republicanos de Bush y nombrar a Obama. Los cubanos no hemos podido tomar una decisión así desde 1948 (no incluyo las elecciones de Batista, por supuesto). Y si usted me dice que la capacidad de nombrar a un presidente no es relevante para un país yo le digo que sí lo es. Y más para un joven que necesita sentir que se le toma en cuenta. Aunque solo sea por un día.
Usted probablemente piensa que los que nos marchamos elegimos el camino más fácil, que lo duro es quedarse a resolver los problemas. Pero le tengo que decir que mis abuelos y mis padres se quedaron en Cuba para pelearse con esos problemas. Renunciaron a muchas cosas por la Revolución y hasta se jugaron la vida por ella. Para darme un país avanzado, equitativo, progresista. Y el que me han dado es uno en el que la gente celebra poder comprar un carro y vender su casa como si fuera una conquista. Pero eso no es una conquista, es recuperar un derecho que ya teníamos antes de la Revolución. ¿A eso hemos llegado? ¿A celebrar como un éxito algo tan básico? ¿Cuántas otras cosas básicas habremos perdido en estos años? Para mis padres es doloroso asumir ese fracaso, y no lo quieren para mí. No quieren que con 55 años tenga un sueldo que no me alcance para vivir, ni el sueldo ni la libreta. Porque no alcanza. Y no quieren que para sobrevivir acuda al mercado negro, a la corrupción, a la doble moral, a fingir. Prefieren que esté lejos. A los 28 años yo me he convertido en la seguridad social de mis padres, ¿O cómo cree que sobreviven dos personas con 650 pesos? Sí, Rafael, hemos tenido que irnos cientos de miles de cubanos para que nuestro país no quiebre. Lo que Cuba ingresa de nuestras remesas es superior, en valor neto, a casi todas sus exportaciones. Eso sí, el país ha perdido juventud y talento, y en vez de abrir un debate realista sobre cómo parar esa sangría, sigue anclado a un inmovilismo ideológico que no es otra cosa que miedo al futuro. ¿Y qué hago yo en un país cuyos gobernantes le tienen miedo al futuro...? ¿Esperar a que se mueran...? ¿Esperar a que cambien las leyes por generosidad y no por convicción? ¿Qué hago yo en un país que sigue premiando la incondicionalidad política por encima del talento? ¿A qué puedo aspirar si no basta con lo que soy y lo que hago...? ¿A convertirme un cínico? ¿O me anima usted a que dé la cara y diga lo que pienso? Algunos jóvenes de mi generación ya lo han hecho, ¿Y dónde están? Recordemos a Eliécer Ávila, un estudiante de la Universidad de Oriente que tuvo la valentía de preguntarle a Ricardo Alarcón por qué los jóvenes cubanos no podíamos viajar como cualquier otro, y fue represaliado por el sistema. Él no tuvo la culpa de que allí hubiera un cámara de la BBC , ni de la respuesta ridícula que dio Alarcón (aquella barbaridad de que el cielo se llenaría de aviones que chocarían entre ellos) Hoy Eliécer vive marginado por razones políticas. Y no es un terrorista ni un mercenario ni un apátrida, es un joven humilde, mulato, universitario, que cometió el error de ser honesto. Que triste hacer una revolución para terminar condenando a alguien por ser honesto. ¿Para eso quiere usted que me quede, Rafael?
Dejar tu país y tu familia no es un camino fácil. Ni la solución a nada, solo es un principio. Te vas a otra cultura, tienes que aprender otro idioma, pasas momentos muy malos. Te sientes solo. Pero al menos tienes el alivio de saber que con esfuerzo puedes conseguir cosas. Mi primer invierno en Bulgaria fue muy duro, conseguí trabajo como transportista y pasé cuatro meses subiendo y bajando lavadoras para ahorrar dinero y poder viajar a Turquía. Una ilusión que tenía desde niño. Y viajé. No tuve que pedir un permiso de salida ni mi avión chocó con ninguno. Pude cumplir el sueño de Eliécer. Y me alegro de haberlo hecho. He conocido otras realidades, he podido comparar. He descubierto que el mundo es infinitamente imperfecto, y que los cubanos no somos el centro de nada. Se nos admira por algunas cosas igual que se nos aborrece por otras. También he descubierto que irme no ha cambiado mis convicciones de izquierda. Porque lo de Cuba no es izquierda, Rafael. Póngale usted el nombre que quiera, pero no es izquierda. Yo estoy de parte de aquellos que buscan el progreso social con igualdad de oportunidades y sin exclusiones. Pienses como pienses. Sin sectarismo ni trincheras. Porque eso solo sirve para enfrentar a la sociedad y sustituir verdades por dogmas.
Por último, Rafael, la casualidad quiso que terminara en un país que también estuvo gobernado por un partido y una ideología única. Aquí no hubo revolución de terciopelo como en Checoslovaquia, ni derribaron un muro como en Berlín ni fusilaron un presidente como en Rumania. Aquí, como en Cuba, la gente no conocía a sus disidentes. Aquí no había fisuras, y sin embargo, en una semana pasaron de ser un estado socialista a una república parlamentaria. Y nadie protestó. Nadie se quejó. No puedo evitar preguntarme, ¿Acaso pasaron 40 años fingiendo? Desde entonces no han tenido un camino de rosas, han enfrentado varias crisis, incluso la población ha llegado a vivir con peor calidad de la que tenía en los años 80, pero curiosamente, la inmensa mayoría de búlgaros no quiere volver atrás. Y eso que el socialismo que dejaron ellos era bastante más próspero que el que hoy tenemos los cubanos. Pero en este país no piensan en el pasado, piensan en el presente. En mejorar la economía, en resolver las desigualdades (que las hay, como en Cuba), en combatir la doble moral, los personalismos y la corrupción que generó el estado durante décadas.
Ivan López Monreal
Pomorie, Bulgaria.
10 de agosto del 2012
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'ESTA BIEN LA AYUDA,PERO SELECCIONEN MEJOR A LOS QUE ENVIEN."Por Eugenio Yañes.(cubaencuentro.com)
Eugenio Yáñez, Miami
09/08/2012
No pongo en duda las buenas intenciones de los democristianos suecos y los “populares” españoles cuando enviaron a Cuba a Jens Aron Modig y Ángel Carromero, en misión de solidaridad con el Movimiento Cristiano Liberación que dirigía Oswaldo Payá. Pero, como todos sabemos, de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno.
Como resultado de imponderables e irresponsabilidades, Oswaldo Payá y Harold Cepero perdieron la vida en un dramático accidente; el español Ángel Carromero está detenido en Cuba, acusado de homicidio involuntario, y el ciudadano sueco no ha sido capaz de dar la cara al regresar a su país ni para dar el pésame a la familia del difunto, mucho menos para enfrentar los desmentidos de Rosa María Payá a sus declaraciones.
Fuera de Cuba ha habido análisis muy serios sobre el siniestro, mientras los teóricos de las conspiraciones no han cesado de “demostrar” que se trató de un asesinato orquestado por “la seguridad”, aunque para eso haya que olvidarse de hechos tales como que el vehículo accidentado se desplazó desde La Habana hasta las cercanías de Bayamo en menos de ocho horas (entre las 6:00 AM y la 1:50 PM) con tres paradas intermedias. Quien haya manejado en Cuba y conozca el estado de sus carreteras, sabe que se trata de una irresponsabilidad temeraria. Más aún si el chofer del auto resultó ser alguien con un expediente de conductor bastante deplorable, al extremo de que en España había intenciones de retirarle el permiso para conducir.
Con lo anterior no pretendo absolver a la dictadura cubana de las culpas que le puedan corresponder por este accidente, quizás más inducido que provocado directamente, si estuvo involucrada en el siniestro: simplemente, señalo que todavía no he podido constatar explicaciones suficientes que me convenzan de las culpas del régimen, más allá de las convicciones morales de asegurar que “esa gente son capaces de cualquier cosa”. Ni me impresiona para nada la noticia de que fue “desenmascarado” como oficial de la inteligencia el Director del Centro Internacional de Prensa en La Habana, quien estaba sentado junto al ciudadano sueco durante la conferencia de prensa. Posiblemente todos los pioneros en La Habana sepan que esos cargos no los desempeñan ni obreros de vanguardia, ni dirigentes sindicales, ni cederistas destacados, sino oficiales de la inteligencia.
La selección de Ángel Carromero y Aron Modig para la misión que se les encomendó en Cuba partió del principio (erróneo) de que todo sería miel sobre hojuelas y de que bastarían varios encuentros y conversaciones para culminar las tareas encomendadas. En otras palabras, parecería que no se previeron escenarios adversos, que en Estocolmo y Madrid razonaron como si fueran burócratas de la nomenklatura cubana.
Quienes crean que los extranjeros fueron torturados no tienen idea de cómo son las cosas en Cuba: ambos son jóvenes acostumbrados a vivir en democracia y en un Estado de derecho, en posiciones de liderazgo juvenil, con acceso a la prensa y los abogados, donde los agentes del orden y los tribunales tienen que regirse por leyes y actuar transparentemente, y donde pueden ser demandados en cualquier momento si se sobrepasan en sus funciones. Cualquier escenario diferente es desconocido para ellos.
¿Para qué sería necesario torturar a Carromero? Bastan unos días de celda en 100 y Aldabó, ese lugar donde se dice que hasta Supermán llora, sin acceso a servicios sanitarios ni agua potable, con comida miserable, interrogatorios en horarios irregulares y con cambios bruscos del calor de la celda a los locales refrigerados de los instructores, y dejarle conversar con otros detenidos en la misma celda, para que en poco tiempo sea capaz de declarar y firmar que quien besó a Jesucristo no fue Judas, sino él mismo.
No hubo que darle golpes a Aron Modig para que, además de pedir perdón en público por ser solidario con los demócratas cubanos, dijera que su misión era entregarle 4.000 euros a Payá y asesorarle para crear un movimiento juvenil, lo que Rosa María Payá desmiente tajantemente. Y ni siquiera en la tranquilidad del territorio sueco se ha presentado ante la prensa para ratificar lo que dijo en La Habana o para desmentirlo. Quizás no dependa de él mismo, sino de “orientaciones” superiores para actuar así, pero la imagen que ha dado hasta ahora es poco halagüeña.
Mientras no se demuestre lo contrario, me quedo con las palabras de la hija de Oswaldo Payá y tengo que pensar que Jens Aron Modig no dice la verdad, o por lo menos no dice toda la verdad. No creo que lo haga por cinismo o inmoralidad, pero muy bien puede ser por miedo, por un profundo temor a no se sabe qué, o por un cálculo de su organización política, pretendiendo quien sabe qué en La Habana: a Modig le bastó una semana como huésped de honor del “aparato” en Cuba para que el temor se le sembrara en los genes y en el ADN, y según ha declarado, o estaba dormido o no se acuerda de casi nada mientras estaba despierto. Sin embargo, de lo que dice acordarse es de cosas que le vienen muy bien al régimen para tratar de desacreditar a Payá.
Lo sucedido no tiene marcha atrás, y no es posible devolverle la vida a Payá ni a Harold Cepero. Aron Modig ya está en su país. Carromero tiene una situación compleja, pues hay dos muertos de por medio y habrá que ver si el régimen lo quiere retener en el país como ficha de cambio por algo que no sabemos todavía, o si podrá regresar a España, y en qué condiciones.
El Gobierno cubano quiere aprovechar estos escenarios para intimidar a las democracias y desalentarlas de reconocer y apoyar a la sociedad civil cubana, a la vez que incrementar la represión contra opositores, disidentes, periodistas independientes y bibliotecarios.
Esperemos que las democracias, por su misma razón de ser, no se dejen someter al chantaje y las bravuconadas de una dictadura de más de medio siglo. Y que mantengan, de una forma u otra, su apoyo moral y su solidaridad concreta con los demócratas cubanos que se enfrentan a la dictadura.
Sin embargo, si de verdad quieren que la ayuda sea efectiva, tendrán que seleccionar mucho mejor a las personas que envían para apoyar a los cubanos, y entender perfectamente que no es lo mismo ser opositor en Estocolmo o Madrid que en La Habana, Santiago de Cuba, Matanzas o Placetas.
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Nuevas Revelaciones sobre el supuesto accidente que le costo la vida a Oswaldo Paya y a Harold Cepero.
“Yo no voy a creer jamás la versión del accidente que presente el gobierno” dijo Acevedo a la cadena española COPE y explicó sus condiciones: “hasta que no me entreviste con los sobrevivientes”.
“Los amigos míos que estaban en el hospital en representación mía, porque yo no pude llegar a tiempo a Bayamo, no había pasaje en avión esa noche para mí, que estaban allí escuchando y tratando de tener acceso a los sobrevivientes. Me dijeron que oyeron las primeras declaraciones de los testigos leídas por un oficial que se había entrevistado con ellos. Habían pasado dos o tres horas del accidente, no más, en las que se hablaba de otro carro en la carretera que venía paralelo al carro accidentado, un Lada rojo”.
Acevedo mencionó al oficial Fulgencio Medina, de criminalística de Bayamo, como la persona que leyó el acta en la que se hacía referencia al auto Lada. Se trata del mismo oficial que estuvo involucrado en la investigación del caso de la violación de la niña de Bayamo y que empleó violencia verbal y física durante sus interrogatorios “con amenazas, maltrato y abusos”.
“Mi familia y yo nunca hemos recibido información (del régimen cubano). Yo no he tenido acceso a los testigos, a las pruebas periciales ni a ver el carro”, protestó la viuda.
Carlos Payá, hermano del opositor, declaró a martinoticias.com que su familia exige una investigación internacional sobre la tragedia.
Este es el link para escuchar la entrevista en la cadena COPE
http://www.cope.es/player/id=2012072910350001&activo=10
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Para los Esepticos,los Incredulos y los que quieren tapar EL SOL con un dedo.Por Agustin Miranda Rodriguez.
Muchas personas han expresado dudas de la verdadera naturaleza de los hechos ocurridos en Cuba la pasada semana,que concluyeron con la muerte del prestigioso Premio Sajarov Oswaldo Paya Sardiñas y el activista del Mov Cristiano Liberación Harold Cepero,unos lo han hecho expresando sinceramente sus opiniones y dudas,las cuales respeto,otros han regado veneno insano,como es costumbre de vocerillos y mesquinos que apoyan al régimen castrista a como de lugar,con la ceguera caracteristica de tales personajes,otros han hecho silencio complice,y otros se han pronunciado decididamente por la tesis de que se trata a todas luces de un asesinato político.
Yo me cuento entre los que pensamos y afirmamos que se trata de un nuevo caso de eliminacion física de alguien que por su influencia en la opinión publica mundial,por sus características como un autentico e inteligente líder opositor,y por su trayectoria dentro del movimiento opositor Cubano,ponía los nervios de punta a la maquinaria represiva del régimen de la Habana y a la Gerontocracia castrista.
En un reciente articulo del líder opositor en el exilio,Leonel Morejon Almagro,este hace mención a un hecho que arroja luz acerca de por que fue ahora y no antes este asesinato político,hay varios factores,según Morejon Almagro que coinciden para que se produjera en estos momentos esta eliminacion física de Paya.
Numero uno las recientes declaraciones a medios Españoles del papagayo mayor,el presidente de la mal llamada Asamblea Nacional del Poder Popular,Ricardo Alarcon,instando a lideres opositores a contender por escaños en las próxima elecciones a esta asamblea,algo que como todos sabemos y destaca muy bien en su articulo Morejon,no es en absoluto idea de este personero castrista,sino del propio paya,que creía y confiaba en que la postulación y elección de lideres de la naciente y creciente sociedad civil cubana podría llevar al régimen a un callejón sin salida,al encontrar oposición dentro del parlamento Cubano;y a la luz de esta idea del desaparecido Paya,de aprovechar la falsa electorera castrista para aspirar a elegir diputados opositores nos preguntamos que hubiera resultado de esta iniciativa,y la respuesta es que la gerontocracia castrista no quería bajo ningún concepto que paya figurara entre los aspirantes a estos escaños,seria correr un riesgo al que no querían someterse,lo que viene a confirmar la teoría de que el tal accidente que cobrara la vida de este destacado líder opositor y uno de sus mas estrechos colaboradores no es mas que un asesinato político oportuno para los intereses castristas,que seguramente seguirá con sus planes de dar una imagen democrática a esta nueva falsa electoral,colocando sus fichas,(supuestos opositores)para dar una imagen engañosa nuevamente de un proseso que por 53 largos años ha tenido un solo partido como nominador de candidatos,algo típico de este totalitarismo mafioso que ha defenestrado a la nación Cubana.
Numero dos,el reciente caso de un loco aberrado que mato a diestra y siniestra a personas inocentes mientras asistían a un estreno cinematográfico en Colorado USA,les dio la posivilidad a los fríos y calculadores asesinos castristas de cometer su crimen calculando que el traicionero y mezquino asesinato de Paya, seria noticia de segunda en los titulares mundiales de la prensa libre.
Todo les vino a pedir de boca a estos mafiosos que son maestros en la maquinacion y el embuste,eso es algo indiscutible.
A estas alturas,y ya para concluir,a alguien le queda duda de las causas de la muerte de Pedro Luis Boitel,y Orlando Zapata en las mazmorras castristas?
Acaso alguien duda de la verdadera causa de la muerte de Camilo Cienfuegos?
Alguien duda de la causa real que segó la vida de la fundadora y líder de Las Damas de Blanco Laura Pollan?,o de Juan Wilfredo Soto despues de una descomunal golpiza propinada con tecnicas de karate?
Entonces por que dudar de que este supuesto accidente fue algo planificado y maquinado por estos maestros de la intriga y la manipulación?
Amigos mios,de estos mafiosos,nada se puede dudar,Paya les estorbaba para sus pérfidos planes,que Dios sabrá cuales son,eso a mi no me cabe la menor duda,y espero que a toda persona sensata,decente y honesta en este mundo,le pase igual.
Aya los que duden,y quieran sembrar la duda a toda costa,de los alabarderos,canchanchanes e HP que andan por el mundo viviendo de las migajas que les lanzan los castristas,de esos se puede esperar también,cualquier infamia.
Este es el auto de Oswaldo Paya,que tan solo hace unas semanas sufrio un supuesto accidente provocado por manos asesinas que safaron los clanes de sus neumaticos,y todavia hay HP que afirman que este insigne Cubano,Gigante Mambi de nuestros,tiempos murio en un accidente HAY QUE SER CINICO.
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