REVISTA CONVIVENCIA.ARTICULOS.PINAR DEL RIO;AGOSTO SEPTIEMBRE 2011
Cuba: apuntes en torno a la unidad, el liderazgo y el monopartidismo
Convivencia - Debate Público
jueves, 08 de septiembre de 2011
Por Miriam Celaya González
En apenas un lustro, los cubanos hemos estado asistiendo a un proceso de agudización extrema de la crisis socioeconómica y política del país, inmersos en lo que constituye una coyuntura nacional e internacional extremadamente compleja. Si bien hasta hace apenas unos años hubiese sido posible aliviar las dificultades y mitigar potenciales conflictos a partir de la aplicación de algunas razonables medidas económicas, con estrategias encaminadas a la obtención de resultados positivos a mediano plazo, la situación actual requiere de una intervención mucho más profunda que las pocas reformas decretadas desde la cúpula del poder y consagradas durante la celebración –igualmente tardía– del VI Congreso del único partido legal; reformas estas, por demás, tímidas e insuficientes incluso para los efectos de la economía propiamente dicha.
La crisis estructural cubana alcanza hoy tanto a la economía –en franco estado de quiebra– como a la sociedad en su conjunto y a la política, incluidas en este último rubro tanto la política oficial –demostradamente incapaz de satisfacer las demandas actuales ni de proponer un modelo viable–, como las propuestas alternativas generadas desde la oposición, habida cuenta de la falta de articulación por parte de estas, de programas coherentes, abarcadores e inclusivos, aptos para movilizar de manera decisiva un suficiente número de actores sociales. Es justo reconocer en este punto que la acción opositora gestada desde los inicios de los 90’ del pasado siglo, tuvo la responsabilidad (y el mérito) de quebrar el mito de la “unanimidad” política en Cuba y forzó al gobierno a admitir la existencia de sectores contrarios al sistema. Sus modestos avances no son desdeñables en condiciones de totalitarismo, en un marco extremadamente hostil y frente a un adversario que, aún en ausencia de argumentos, posee todos los medios de difusión y los instrumentos represivos idóneos para impedir el fortalecimiento de las manifestaciones de disidencia interna.
El problema de la unidad
Uno de los temas más recurrentes a propósito de las limitaciones que han atentado contra el avance de la oposición en Cuba en los últimos diez años, se centra en lo que muchos han dado en llamar “falta de unidad”, entendida esta como la incapacidad de los partidos opositores para generar proyectos comunes con suficiente poder de convocatoria que signifiquen una apuesta política de importancia frente al gobierno. El gobierno, por su parte, señala “la ausencia de arraigo social” de los movimientos y partidos opositores como un signo inequívoco del apoyo popular a la revolución, como si la existencia de un régimen totalitario –con toda su concentración de poder y las implicaciones que eso significa– no fuera ya, por sí misma, un sólido obstáculo para el establecimiento de puentes de comunicación entre cubanos con aspiraciones y propuestas alternativas al sistema.
La actualidad de la Isla, sin embargo, después de la experiencia de medio siglo de fracasos por parte de un sistema demostradamente ineficaz y tras muchos años de existencia de grupos opositores –que, si bien han ofrecido un ejemplo de resistencia y civismo sobreviviendo en condiciones adversas, tampoco han podido constituirse como una opción a tomar en cuenta por el gobierno ni por la sociedad–, ha llegado a un punto clímax que impone retos por igual a todos los cubanos. Cambiar no es hoy una opción, sino una necesidad imperiosa que contiene en sí la clave de la supervivencia de la nación y no solo de la permanencia de un sistema, o del éxito de un partido, o de propuestas ideológicas o políticas de cualquier tendencia.
En la presente coyuntura, urge el análisis de varios factores consustanciales a un eventual proceso de cambios para Cuba, que –sin la intención de constituir “la solución” de nuestra circunstancia– podría contribuir a la construcción de un consenso que tienda a la inclusión de intereses de todos los sectores sociales y no solo de una parte de estos; es decir, se impone potenciar la acción a través de la unión de los cubanos alrededor de propuestas esencialmente cívicas, sin matices ideológicos o puramente políticos, teniendo en cuenta que las ideologías constituyen puntos de ruptura de los consensos básicos, indispensables para ofrecer una alternativa social sólida al gobierno.
Es obvio que una realidad tan compleja y crítica como la de Cuba nos impone partir de una apreciación lo más objetiva posible, dejando de lado tanto los apasionamientos sectarios como las enojosas exclusiones que, tarde o temprano, tienden a provocar radicalizaciones extremas y discordias de consecuencias impredecibles. El “problema cubano”, por así llamarlo, es sistémico y acumulativo, concurren en él múltiples componentes, obedece a causas de diversa índole y es preciso considerar también que, si bien es cierto que las raíces de nuestros males actuales se afianzan en la esencia totalitaria del régimen, este, por sí solo, no podría constituir elemento único y suficiente para provocar la crisis general que hoy nos asfixia. A diferencia del disfrute de los “beneficios” en un país parcelado y repartido como un botín entre la reducida pero poderosa casta gobernante, la responsabilidad por la situación actual nos corresponde a todos en alguna medida y es así que todos debemos sentirnos convocados a revertirla.
Por otra parte está la carencia de fuerzas sociales debidamente organizadas, incluso, dentro de las filas de la oposición. Sucesivas tentativas de “unidad” desde diversos partidos opositores han desembocado en rotundos fracasos, demostrando que no se pueden lograr alianzas amplias y efectivas en base a ideologías. Los eventos de pactos o proyectos colectivos han tenido una existencia efímera y precaria, hasta agotarse sin haber alcanzado consistencia. Es axiomático que la sociedad cubana no está en condiciones de asumir el reto de elegir ideologías, pero puede, en cambio, unirse en el interés general de construir una democracia, con los limitados espacios de libertad con que contamos, que conduzcan de manera gradual y natural al surgimiento de partidos políticos y otras asociaciones. Solo después de esa metamorfosis inicial, convertirnos de esclavos en ciudadanos, los cubanos estaríamos preparados para dedicarnos a la política definiendo nuestras preferencias ideológicas.
Resulta oportuno en este aspecto recordar cuánta responsabilidad corresponde a los ciudadanos, individual y socialmente, para llegar a lograr un equilibrio político estable y duradero, bienestar económico y un clima de paz social, cuestiones estas que no están en capacidad de garantizarnos en el momento actual ni el gobierno –con la crisis definitiva provocada por el fracaso del sistema– ni los partidos de oposición –con el desgaste producido tras dos decenios de accidentada existencia, la insuficiencia de alianzas o pactos y las numerosas y sostenidas emigraciones de muchos de sus miembros debido a las persecuciones políticas y a otras causas.
El problema del liderazgo
Las complicaciones del descalabro general del sistema requieren a su vez de soluciones igualmente sistémicas y complejas. Nuestra tradición histórica de inspiración caudillista –cuya tendencia a depositar la toma de decisiones trascendentales en manos de un líder mantiene una tenaz persistencia hasta hoy– ha sembrado en el imaginario colectivo la idea de la exaltación de las figuras por encima de la importancia y calidad de los pensamientos, e incluso, de la legalidad. Es este uno de los rasgos que han hecho posibles, no solo un enfermizo personalismo político, un voluntarismo extremo y toda una saga de violencia, golpes de estado y otras violaciones del orden constitucional; sino también la existencia y actual supervivencia de una dictadura que se ha prolongado por más de medio siglo a contrapelo del avance de las democracias regionales en pleno siglo XXI.
La experiencia cubana debiera habernos hecho comprender, al menos, que cuando no hay contrapartida cívica en una sociedad, el líder deviene dictador. Sin embargo, en medio de la peor crisis general de la última centuria, continúan los llamados a “unirse” en torno a nuevos líderes ideológicos o grupales, en lo que parece constituir una suerte de tribalismo político donde los individuos –cual si se tratara del apego a un equipo deportivo regional– parecen agruparse motivados por la simpatía personal que les despierta el “líder” y no por una clara conciencia de los programas e intereses que estos representan, así como de los compromisos que contraen. Más aún, son minoritarios los integrantes de partidos (incluyendo el oficial PCC) que dominan los fundamentos teóricos y filosóficos de las ideologías que los sustentan. La fe en el líder parece ser sostén suficiente a la hora de tomar partido, aclamar decisiones, casi siempre inconsultas, y suscribir documentos.
El atrincheramiento ideológico del gobierno se repite así también en los rasgos esenciales de los líderes de no pocos grupos opositores, cada uno de los cuales en su momento ha creído estar en condiciones de ofrecer la mejor solución, la piedra filosofal o el toque de Midas apropiado y suficiente para superar la crisis nacional, estableciéndose de esta forma la imposibilidad de alianzas y consensos incluso entre grupos de una misma o similares tendencias.
Otro peligro dentro de las alternativas opositoras con relación al liderazgo es la marcada propensión al establecimiento de “plazas fijas”, hasta tal punto que algunos grupos o partidos son identificados más por la figura que lo encabeza que por las propuestas que ofrecen. Generalmente no se habla del partido o grupo “tal”, sino del partido “de” alguien; lo que sugiere falta de madurez y de consolidación política, además de reflejar la ausencia de prácticas democráticas en el seno de los mismos.
Lo expuesto hasta aquí no pretende negar la importancia del surgimiento de líderes, sino todo lo contrario. Los líderes con reconocimiento social, con prestigio, con un alto sentido de la ética, con vocación de servicio público y con ideas renovadoras son siempre piezas clave a la hora de movilizar voluntades. Todo proceso de transformación social ha traído consigo la presencia de liderazgos que muchas veces han influido decisivamente en los acontecimientos. La historia está llena de ejemplos de ello. La capacidad aglutinadora de los líderes, entonces, podría resultar un componente esencial para el impulso de una transición en Cuba, siempre que estos combinen un conjunto de virtudes indispensables para superar los vicios de la sociedad actual y, a la vez, sean capaces de anteponer los intereses cívicos nacionales por encima de las mezquindades y ambiciones personales. Líderes, en fin, que privilegien los derechos y el desarrollo de ese componente esencial de las democracias y que en Cuba constituye una verdadera rareza: el ciudadano.
El problema del monopartidismo
Lo ideal, en el caso cubano, sería el crecimiento de líderes de opinión que ayuden a preparar desde hoy a los ciudadanos de mañana, tarea que debe renunciar a las tentaciones de la inmediatez y de la improvisación –características consustanciales a la cubanidad – y que no puede concentrarse en las manos de un líder de aliento mesiánico o en la urdimbre estrecha de un partido. Sin desdeñar ni excluir ningún elemento del variado espectro de la disidencia que ha desarrollado su labor hasta la actualidad, desde los partidos políticos hasta los grupos cívicos independientes y el periodismo alternativo en todas sus variantes, la formación ciudadana constituye un paso previo ineludible si se aspira a tener éxito en un proceso de cambios y transición democrática. Esto no significa proponer una “espera” que implique postergar el proceso, sino simultanear la formación ciudadana con acciones positivas para fomentar la expansión de espacios cívicos independientes y el interés social en programas alternativos, sean o no propuestas políticas. Asumiendo la democracia en un sentido amplio, el concepto de “ciudadano” no solo es su pilar esencial, sino que supera con creces el estrecho marco ideológico.
Es sabido que un partido político, ya sea el oficial o cualquiera de los que existen en la oposición, no es capaz de representar por sí solo la amplia diversidad de intereses y matices de toda la sociedad en su conjunto. Ergo, todo partido político que se considere representante elegido de los cubanos o síntesis de la democracia nacional, incurre en una flagrante violación de los derechos civiles y políticos de aquellos a los que en principio pretende representar.
En realidad, de cara a un proceso de cambios, la presunción de protagonismo por parte de cualquier partido sería tan descabellada como el fraudulento y disparatado supuesto de que el partido comunista es heredero del ideal martiano o continuador de la tarea unificadora del Partido Revolucionario Cubano, argucia con la cual el gobierno procura justificar el absurdo monopartidismo. La estafa ideológica ha sido tan magnificada y repetida, que casi todos los cubanos ignoran que el partido fundado por el Apóstol para organizar y dirigir la guerra definitiva por la Independencia no contenía en sus bases ni en sus objetivos ningún elemento ideológico, más allá de las aspiraciones separatistas de sus animadores, ni mucho menos suponía la intención de constituirse en “partido único” de los cubanos una vez lograda la independencia.
El reciente VI Congreso del Partido Comunista no ofreció las soluciones esperadas por los más optimistas; en cambio, dejó claramente demostrados los intereses gubernamentales de retener el poder a toda costa y al precio que tenga que pagar la nación. Nada tiene que ofrecer este gobierno a nuestro futuro, salvo saldar la deuda infinita de frustraciones contraída con los cubanos. Su tiempo finalmente ha pasado; es la hora de los ciudadanos. El verdadero desafío en la Cuba actual es, entonces, lograr uniones estratégicas basadas, no en programas ideológicos o puramente políticos, no en líderes o figuras; sino en intereses generales capaces de movilizar opiniones y acciones de amplios sectores sociales. El sentido común indica que la solución de nuestros problemas de hoy no consiste en la sustitución de un caudillo por otro o de un partido por otro, sino en la búsqueda de un programa común amplio, consensuado, incluyente, desideologizado e integral, capaz de superar gradualmente la aguda e irreversible crisis sistémica. Para ello, habrá que fomentar alianzas fundadas en principios cívicos esenciales, con un profundo compromiso ético y de servicio público como premisas imprescindibles. Es una tarea verdaderamente titánica en una sociedad tan dividida y moralmente arruinada, pero es la vía más segura para una transición efectiva y una paz social permanente.
Miriam Celaya González.
Bloguera cubana. Colaboradora de la Revista Voces
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REVISTA CONVIVENCIA.PINAR DEL RIO,AGOSTO SEPTIEMBRE.EDITORIAL.
VIVIR EN LA COHERENCIA ENTRE LO QUE SE CREE Y LO QUE SE HACE
“Vivir es amar. Amar es resucitar”- Estos místicos versos de Dulce María Loynaz pueden resumir la vida y obras del arzobispo emérito de Santiago de Cuba, Pedro Claro Meurice Estiú, llamado, con razón, el León de Oriente.
Ahora que el fin de su peregrinar lo sorprendió en otra orilla de la única Cuba, quizá como signo visible de su pasión por unir a la Nación-en diáspora, hay una pregunta numerosa y urgente: ¿cuál ha sido su legado para su Patria y para su Iglesia?
Esta pregunta es demasiado inminente y su respuesta trascenderá la dolorosa puerta de su paso a la Casa del Padre. De modo que, la historia, con sus ritmos y tiempos necesarios e inviolables, irá respondiendo con mayor profundidad y amplitud. Pero no debemos dejar pasar el tiempo de reflexión abierto por la muerte para comenzar a pergeñar, en emocionados trazos, ese legado que es, sin duda, patrimonio de todos los cubanos, creyentes o no, de ahora y de mañana: Vivir en la coherencia entre lo que se cree y lo que se hace.
Mons. Meurice, fue una cátedra de sabiduría, amor entrañable a Cuba y fidelidad irrestricta a su Iglesia. De esa cátedra, dura como la roca de Pedro y clara como el segundo nombre del patriarca, no salía el rugido de un león selvático, sino la transparente voz de los sin voz. En ese sentido es que entendemos el calificativo de León de Oriente, como voz de muchos cubanos que encontraban en la suya acogida y amplificación y canalizaron sus sufrimientos y esperanzas por este voluminoso “vita-fone” (nunca mejor dicho: voz de la vida).
Desde la conmoción de su partida, deseamos trazar algunos puntos de su legado, no con nuestras palabras sino con las suyas propias en el momento más solemne y trascendente de su magisterio: la presentación del pueblo cubano ante la bendita imagen de la Virgen de la Caridad que salió del Cobre a la Plaza y ante al Sumo Pontífice de la Iglesia, cuyas manos sufridas y conocedoras de nuestra realidad, iban a coronar a la Reina de Cuba, reconocida ya por Juan Gualberto Gómez como “emblema patrio”.
1, Cuba es y debe ser una tierra de libertad y dignidad, de fe y caridad.
Así lo expresa casi al comenzar su breve presentación en la mañana luminosa de aquel sábado 24 de enero de 1998: “Esta es una tierra indómita y hospitalaria, cuna de libertad y hogar de corazón abierto… esta tierra que custodia, con entrañas de dignidad y raíces de cubanía, la campana de la Demajagua y la bendita imagen de la Virgen de la Caridad de El Cobre.(1)
2, Cuba necesita hacer la síntesis entre autoridad y participación ciudadana, gobernabilidad y gobernanza, sin mesianismos ni anarquías.
¡Qué falta nos hace ahora, y aún más en el futuro próximo, esta segunda síntesis vital! Síntesis entre la necesaria autoridad de un gobierno democrático, cuya capacidad de dirigir los destinos de la nación llamamos gobernabilidad y esa otra capacidad inseparable de la anterior que es la gobernanza o capacidad de los ciudadanos para autogestionarse con participación libre y responsable su propio destino. Así lo expresa en su legado, Mons. Meurice: “Nuestro pueblo es respetuoso de la autoridad y le gusta el orden, pero necesita aprender a desmitificar los falsos mesianismos…Este es un pueblo que ha luchado largos siglos por la justicia social y ahora se encuentra, al final de una de esas etapas, buscando otra vez cómo superar las desigualdades y la falta de participación.”
3, Cuba necesita reconstruir el dañado tejido de la sociedad civil, como escuela y garantía de esa gobernabilidad responsable.
Los hilos para tejer esa convivencia cívica vienen mencionados: espacios, fraternidad, libertad y solidaridad. Estas son las palabras textuales que nos dejó Monseñor Meurice: “Cuba es un pueblo que tiene una entrañable vocación a la solidaridad, pero a lo largo de su historia, ha visto desarticulados o encallados los espacios de asociación y participación de la sociedad civil, de modo que le presento el alma de una nación que anhela reconstruir la fraternidad a base de libertad y solidaridad.”
4, Cuba debe reconocer y promover la primacía de la persona humana sobre todas las demás estructuras de la nación.
El fracaso antropológico es el peor de los daños del paternalismo de Estado. La salida debe encontrarse, según el legado de Meurice, por un proceso de personalización y empoderamiento de los ciudadanos para que sean capaces de elegir y diseñar su propio proyecto de vida: “Le presento a todos aquellos cubanos y santiagueros que no encuentran sentido a sus vidas, que no han podido optar y desarrollar un proyecto de vida por causa de un camino de despersonalización que es fruto del paternalismo.”
5, Cuba necesita una profunda educación cívica que le permita discernir y valorar su nación y sus raíces.
El analfabetismo cívico y político, fruto de la manipulación ideológica de la enseñanza, ha producido confusión y desarraigo. Esa pérdida de la conciencia ética lleva a la masificación y al escapismo. Educar es enseñar a discernir, no a maniobrar en las conciencias confusas. Es por ello que en aquella Plaza Antonio Maceo resonó con tanta fuerza este diagnóstico, era la primera vez que se decía tan claramente y tan en público desde hacía cuatro décadas. El mundo entero lo escuchó, era la voz del León de Oriente. Aunque de modo ahora decreciente, la confusión mantiene aún vigencia: “Le presento un número creciente de cubanos que han confundido la Patria con un partido, la nación con el proceso histórico que hemos vivido en las últimas décadas, y la cultura con una ideología. Son cubanos que, al rechazar todo de una vez sin discernir, se sienten desarraigados, rechazan lo de aquí y sobrevaloran todo lo extranjero”.
6, Cuba debe fortalecer su independencia geográfica y política fomentando la soberanía ciudadana de toda persona humana.
Existe una inseparable relación directamente proporcional entre libertad personal e independencia nacional. En Cuba ha quedado demostrada negativamente, por los frutos de dependencia económica y política difíciles de superar, primero con la URSS y el campo socialista, y luego con Venezuela, que ha convivido con la restricción a las libertades personales. Muchos países, tanto de capitalismo “primitivo” como de socialismo “real”, han sufrido de esa hemiplejia en su soberanía. Así lo describía el Arzobispo primado de Cuba: “este pueblo ha defendido la soberanía de sus fronteras geográficas con verdadera dignidad, pero hemos olvidado un tanto que esa independencia debe brotar de una soberanía de la persona humana que sostiene desde abajo todo proyecto como nación.”
7, Cuba necesita aprender de la historia pluricentenaria de esa parte de su pueblo que es la Iglesia. Sus luces y sombras de ayer advierten y educan para discernir las de hoy.
La necesaria laicidad del Estado y el derecho a la libertad religiosa de todos los cubanos y cubanas, no debe ser un pretexto incivil para borrar de un tirón la historia de esta Isla, imbricada, querámoslo o no, con la Iglesia que vino de España y se mezcló con las africanas y evangélicas en el variopinto tejido del ajiaco nacional. Más que borrar habría que rescatar la memoria de estos caminos del alma de la Nación. Ser desmemoriados en todo lo concerniente a los valores del espíritu, sustituyéndolos por complejos secularistas, mesianismos ideológicos o tabúes confesionales, no solo seca el espíritu de los pueblos sino que los somete a los más espurios ídolos y esclavitudes. Otra vez Dulce María lo había dicho de forma poética: “el que no ponga el alma de raíz, se seca”. Es por ello que considero que esta parte de las palabras de Monseñor Meurice no debían ser obviadas o dejadas solo para católicos. La matriz de Cuba, por católica, que quiere decir “universal”, es y debería ser, útero sin exclusiones. Así lo relató Monseñor Pedro el Claro: “Santo Padre, le presentamos la época gloriosa del P. Varela, del Seminario San Carlos en La Habana y de San Antonio María Claret en Santiago, pero también los años oscuros en que, por el desgobierno del patronato, la Iglesia fue diezmada a principios del siglo XIX(…) atravesó el umbral de esta centuria tratando de recuperarse hasta que, en la década del 50, encontró su máximo esplendor y cubanía (…) Luego, fruto de la confrontación ideológica con el marxismo-leninismo, estatalmente inducido, volvió a ser empobrecida de medios y agentes de pastoral pero no de mociones del Espíritu, como fue el Encuentro Nacional Eclesial Cubano(…). Iglesia en una etapa de franco crecimiento y de sufrida credibilidad que brota de la cruz vivida y compartida. Algunos quizás puedan confundir este despertar religioso con un culto pietista o con una falsa paz interior que escapa del compromiso”.
8, Cuba debe construir su presente y su futuro contando con toda la nación: la que vive en la Isla y en la Diáspora.
La Hna. Mirtha, religiosa que lo acompañó durante todo su episcopado y los últimos momentos de su vida terrena, narra que las últimas palabras de Mons. Meurice fueron: “¡No se separen! ¡No se separen! ¡No se separen!”. Es la súplica del buen pastor que cuida hasta el último aliento la comunión de su pueblo. Una interpretación de este triple ruego podría ser: no se separen como Iglesia; no se separen como pueblo; no se separen de Dios, lo bueno, lo bello, lo verdadero. Otras podrían ser las necesidades de comunión: unidad en la diversidad, no en la uniformidad. Navegar a trancos y retrancas por la historia de un pueblo es surcar por singladuras de flota acompañada, de marina sin banderías, aunque fueran de diverso pasaje o mercantes. Es superar la era de navíos excluyentes, piratas o armadas violentas, venciendo a las tentaciones de desmembrar, excluir, o separar a los que no son, no piensan, no creen, o no actúan como una de las partes. Es construir un barco-país “donde quepamos todos” al decir de Martí. Bajo el manto de la virgen que en Cuba se llama Caridad, el más fuerte vínculo de comunión, Meurice, como buen capitán de la barca de Jesús, trazó esta ruta por el aciclonado Mar de las Antillas: “la nación vive aquí y vive en la diáspora. El cubano sufre, vive y espera aquí y también sufre, vive y espera allá fuera. Somos un único pueblo que, navegando a trancos sobre todos los mares, seguimos buscando la unidad que no será nunca fruto de la uniformidad sino de un alma común y compartida a partir de la diversidad.”
9, Cuba debe identificar cuál es su mayor pobreza y trabajar para salir de ella: la falta de libertad.
Amartya Sen, un reconocido economista indú, aportó a la humanidad la demostración de un científico social sobre la relación biunívoca entre la libertad personal y el desarrollo de los pueblos. Nosotros los cubanos y cubanas, sabemos por certeza empírica, afincada en la cotidianidad, que ninguna reforma o actualización de ningún sistema económico, político o social dará como fruto el desarrollo de la nación si no se reconoce de manera legal, se promueve en la sociedad y se educa conscientemente, que la libertad de la persona humana es la base, el cimiento y el motor de todo progreso. Sin libertad no hay responsabilidad y sin responsabilidad no hay desarrollo posible. En el contexto de 1998, esta verdad era visible como una luz en la oscuridad, así lo resume el patriarca que presenta a su pueblo: “La Iglesia en América Latina hizo en Puebla la opción por los pobres, y los más pobres entre nosotros son aquellos que no tienen el don preciado de la libertad.”
10, Cuba -la Isla y su Diáspora- tiene vocación de universalidad.
Debe abrirse de sus egoísmos y exclusiones entre cubanos y cubanas y debe abrirse al mundo, porque el mundo hace tiempo se quiere abrir a Cuba.
Juan Pablo II lo había dicho ya en esa misma visita. Las palabras de Meurice dialogan con ese deseo del papa polaco. Cuba debe entrar al futuro por los puentes de la interdependencia solidaria y la comunión globalizada. Su geografía de Isla casi nunca marcó negativamente a los cubanos y cubanas. Gente abierta, hospitalaria, franca, expresiva y cariñosa. La ideología foránea y continental que nos encerró en un bloqueo isleño, fue por cierto, concebida, en ciernes, en otra Isla al Norte de Europa, pero exportada al Caribe ya bajo los siete cerrojos de la Siberia oriental. Nada más extraño a nuestro carácter y vocación. Con proféticas palabras, bajo el Sol radiante del Oriente cubano, Pedro Claro Meurice Estiú, cerraba significativamente sus palabras abriendo los cerrojos de las mentes y fabricando puentes sobre los bloqueos de los autoritarismos, al decir: “Este es un pueblo que tiene vocación de universalidad y es hacedor de puentes de vecindad y afecto, pero cada vez está más bloqueado por intereses foráneos y padece una cultura del egoísmo debido a la dura crisis económica y moral que sufrimos.”
Muchos en estos días han destacado el carácter profético y la coherencia vital entre fe y vida de Mons. Meurice. Algunos han aclarado que estas palabras las pronunció como Pastor y no como politiquero. Porque en la coherencia en que supo vivir y guiar a su pueblo, no cabían “políticas” de parte o partes. “No se separen”, fue su último consejo en la búsqueda de la comunión incluyente y universal. Porque como pastor de la “polis” a él encomendada, hizo y dijo lo que le pareció mejor para alcanzar el bien común y eso es Política en sentido amplio, incluyente, y como diría el papa Pío XII, “la política es una forma eminente de la Caridad”. Esa también la vivió proféticamente Meurice.
Un día la historia y la Iglesia buscarán y destacarán vehementemente “esta voz que clamaba en el desierto”.
Así como Meurice pudo vivir valientemente la coherencia sin fisura entre sus dos amores: Cuba y el Evangelio de Cristo, así los cubanos y cubanas deberíamos vivir sin doblez y sin miedo esa coherencia entre lo que sentimos, lo que creemos, lo que decimos y lo que hacemos.
Ese sería el mejor monumento a la memoria del pastor que fue fuerte, vio lejos, habló claro, amó mucho… y actuó consecuentemente.
Pinar del Río, 4 de Agosto de 2011
(1) Las citas en cursiva corresponden al discurso de presentación y saludo al Papa de Mons. Meurice, pronunciado al comienzo de la Misa en Santiago de Cuba el 24 de enero de 1998.
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"IMPIDE POLICIA POLITICA LIBERTAD DE EXPRESION,CULTO Y MOVIMIENTO A MIEMBROS DEL PARTIDO REPUBLICANO DE CUBA(PRC)EN C HABANA.Por Julio Beltran Iglesias.(ALAS)
Ciudad de Habana-Cuba.14 de octubre de 2011, El pasado jueves 13, a pesar de la represión de la policía política, se dieron cita en la Iglesia de “La Caridad” más de una decenas de miembros del Partido Republicano de Cuba donde ofrecieron sus oraciones por las almas de las víctimas del Remolcador 13 de Marzo, por la salud de Laura Pollan y libertad de todos los presos políticos, pudo confirmar este reportero con su presencia los acontecimientos.
El despliegue visible en calles aledañas a la mencionada iglesia, por miembros de la policía política se concentro en impedir la libertad de asociación, de religión y de movimiento con el objetivo de impedir a estos defensores de los derechos humanos pacíficos llegasen al templo que se encuentra ubicado en Campanario entre Salud y Dragones, Centro Habana, dijo Juan Carlos Bous Batista director del PRC en el municipio de Regla.
“El día 13 de cada mes nos damos cita en esta iglesia donde oramos por las almas de las víctimas del remolcador 13 de marzo, por la salud y la liberación de todos los presos políticos y protestamos en caminatas pacíficas al culminar la misa por la represión que se lleva en nuestro país contra los defensores de los derechos humanos, expreso José Antonio Sánchez Santoyo, Director del P.R.C. en el municipio de Centro Habana.
Se pudo conocer al redactar esta nota que fue detenido arbitrariamente en plena vía pública el opositor pacifico y miembro del PRC Rolando Reyes Rabanal… quien protagonizo 40 días en huelga de hambre, exigiendo una vida digna en San Miguel del Padrón- el mismo fue liberado en altas horas de la madrugada del 14 dejo saber este…se conoció de otras detenciones pero hasta el momento de haber redactado esta nota se desconocía sus nombres y situaciones.
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"LOS PARAMILITARES"Publicado por Yoanis Sanchez en su Blog Generacion Y.
Rechinan los neumáticos; las puertas del auto se abren bruscamente y salen tres hombres que parecen producidos por el mismo molde: fuertes, pelados a lo militar y con móviles en el lateral del cinto. No hay escapatoria posible. Ningún vecino va a socorrerte, los curiosos se alejarán asustados y los posibles testigos no querrán después hablar. Te meten a la fuerza en un auto sin enseñarte un acta de detención, ni siquiera un carnet de pertenencia a algún cuerpo policial. La matrícula es privada para no dejar rastro institucional. Los golpes tampoco van acompañados de un cuño, de una firma, de unas siglas siquiera. Acabas de caer en manos de los “paramilitares” cubanos, esos policías políticos que nunca llevan uniforme y tienen la potestad de saltarse todas las leyes, de encerrarte sin que medie un delito y de llevarte a “pasear” mientras te gritan sus amenazas y te hunden la rodilla en el abdomen.
Cada vez son más frecuentes los métodos camorristas entre las filas de la Seguridad del Estado. Su impunidad molesta incluso a los policías regulares, que ven como esos sujetos con seudónimo les llenan los calabozos de detenidos no inscritos en el libro de incidencias de la estación. La práctica de faenar al margen de la ley se ha vuelto ya rutina entre los inquietos muchachos de la Sección 21, quienes se sienten miembros de un cuerpo de elegidos que puede impedirle a cualquiera llegar a un lugar o recluirle forzosamente dentro de su propia casa. Están entrenados para no escuchar, así que no vale la pena llenarles los oídos de frases al estilo de “Yo soy un ciudadano y tengo derechos”, “Quiero ver a un abogado…”, “¿De cuál delito se me acusa?”. Para ellos, sus víctimas no son individuos protegidos por una legalidad sino meros “gusanos”, simples “sabandijas”… a los que un déspota como Gaddafi llamó en su momento “ratas”.
Y ahí estás tú, dentro de aquel auto que es un agujero negro tragándose la Constitución que debería salvarte, rodeado por el fornido brazo de alguien que se hace llamar el agente Camilo o el teniente Moisés. Por el momento, sólo van a asustarte, pero en un futuro –cuando te atrevas a más- se sentirán tentados a arrancarte alguna uña, meterte la cabeza en un cubo de agua, juguetear con la corriente y tus testículos. Porque cuando un gobierno crea estructuras que no rinden cuentas a ninguna justicia, entonces no hay amparo posible para quienes se le oponen. Estos paramilitares de hoy podrían ser los matones del mañana. A estas fuerzas de élite, que se proyectan como defensores de un sistema agonizante, quizás no les tiemble la mano para asesinar. Ya han probado el vértigo de frenar en seco en una avenida y meterte a la fuerza en un auto. Lo próximo que quieren ver correr es tu sangre
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COMUNICADO DE CONDENA AL AUMENTO DE OLA REPRESIVA EN CUBA DEL COMITE PANAMERICANO PRO DEMOCRACIA(www.prodemocracia.com)
El Comité Panamericano Pro-Democracia se dirige a los pueblos iberoamericanos, partidos políticos, intelectuales, profesionales, líderes sindicales, religiosos, pro derechos humanos, hombres y mujeres, luchadores en pro de la justicia, para condenar al aumento de la ola represiva que el régimen ilegal, ilegítimo y anti-constitucional que rige empleando la brutalidad y violencia en Cuba, contra el movimiento no violento de resistencia cívica, que utiliza los métodos inspirados en los idearios de Gandhi y Luther King.
Un régimen que no ha dado paso a los cambios democráticos exigidos por el pueblo cubano. Al contrario, continúa la opresión, pone en práctica leyes vigentes que violan los derechos humanos y criminaliza como delitos políticos cualquier ejercicio legítimo de libertad individual respetado en todas las naciones democráticas. Se niega, con suprema arrogancia, a aceptar las normas de un verdadero estado de derecho. Rechaza dialogar con una oposición cada día más vigente que demanda libertad y llama asesinos a los funcionarios de los órganos represivos. El régimen de Cuba insiste en mantener el carácter excluyente y reaccionario del sistema de partido único-comunista.
Desde Cuba nos llega la preocupación por el estado de salud de Laura Pollán, dirigente del movimiento de las Damas de Blanco (Premio Sajárov 2005 a la libertad de conciencia). El pasado 24 de septiembre fue agredida por un grupo parapolicial con la intención de impedirle que asistiera a la misa de las Mercedes. Sus familiares y seguidores en la isla desconfían del tratamiento médico que recibe. Está reportada como muy grave. Apelamos a la ONU y la OEA, y en especial a sus respectivas comisiones de derechos humanos, para que intercedan a favor de esta gran luchadora.
El Comité Panamericano Pro-Democracia, fundado hace bastantes años, por el Premio Nobel de Literatura Octavio Paz y otras personalidades como Emilio Martínez-Paula, Jesús Chao, Celso Alonso, Jorge Ferragut, Emb. Manuel J. Sosa y el Padre Enrique T. Rueda. EL CPPD fundado para luchar, de forma pacífica, por una democracia con seguridad, garantías y principios en América latina, y para que los latinoamericanos, de dentro y fuera del continente, dispongan de un sistema democrático que vele por la libertad, seguridad y justicia a escala local, nacional e internacional, es decir, que se garantice el Imperio de la Ley y del Estado de Derecho, donde los ciudadanos disfruten de las libertades solamente posibles en las naciones democráticas.
El CPPD está integrado en la actualidad por los siguientes miembros de América y España: Rev. Martín N. Añorga, José Arenal, Celso Alonso, Luis Baralt, Manuel Barrios, Rodolfo Bugallo, Yolanda Calderón, Isora Camps, Miguel A. Cancio, Rafael M. Estévez, Harold Feeney, Evelio Fernández, Lázaro A. González, Vicente R. Gutiérrez, José R. Hernández, Agustín Lastre, Alberto Lauro, Delfin Leyva, Marcello Marini, José Morell, José Prats, Eduardo Santander, Renier Suárez, Carlos Vázquez, Eloy Vázquez. Y apoyado en diferentes ciudades de Iberoamérica. El Vice-Sec.Gral. Dr. Rafael Saumell y su Sec. Gral. Jorge Ferragut. El CPPD tiene su sede en Houston, Texas (Estados Unidos) y dirección postal e informática: P.O. Box 6794 Houston, Texas 77449, www.prodemocracia.com.
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LA VANGUARDIA DE LA OPOSICION CUBANA HACE UN HISTORICO Y CONTUNDENTE LLAMADO A LA UNIDAD.
LA VANGUARDIA DE LA OPOSICION CUBANA HACE UN HISTORICO Y CONTUNDENTE LLAMADO A LA UNIDAD.
Noticia de última hora.
4 de octubre de 2011.
Un grupo de opositores cubanos realizó hoy 4 de octubre de 2011 un histórico y contundente llamado a la unidad de las “fuerzas democráticas” de la Isla en una declaración que busca consolidar acciones cívicas para cambios políticos, económicos y de derechos humanos en Cuba.
El documento denominado “Declaración de Unidad” fue presentado y suscrito en La Habana por 12 miembros de la oposición, que fueron: el Dr. Oscar Elías Biscet, el Premio Sájarov Guillermo Fariñas, José Daniel Ferrer, Guido Sigler Amaya, René Gómez Manzano, Librado Linares, Eduardo Díaz Fleitas, Gabriel Gordillo, Carlos Pupo, Dania Virgen García, Angel Pablo Polanco y Sandra Anristola Fernández.
La nueva propuesta tiene el objetivo de convertirse en un “primer paso hacia la definitiva consolidación de la unidad que hará posible un proyecto integral por una nueva nación” en Cuba, donde la oposición interna está fragmentada en decenas de grupos.
Biscet afirmó a corresponsales que la perspectiva fundamental del proyecto es “captar” al pueblo cubano y lograr su participación en lo que aspiran se convierta en una alternativa “nacional” y “viable” para “llegar a la democracia en la Isla”.
El texto completo de dicho documento nos fue suministrado esta tarde por el doctor Biscet, colaborador de La Nueva Nación.
http://www.lanuevanacion.com/articles.aspx?art=1556
Publicado por Unknown en 4:30 0 comentarios
"Una Prueba mas de la brutalidad Castrista"Por Jose Alberto Albarez Bravo.Periodista Independiente.
El dia 24 de septiembre, ella salió de la casa de Laura junto a la lider y a Leydi Coca, siendo agredidas por los segurosos envalentonados por la indefension de las valerosas mujeres, orgullo de la resistencia anticastrista.
La conciencia de la humanidad no debe continuar ciega y sorda ante tanto atropello e indignidad.
Fuera los Castro de nuestra tierra cubana.
Libertad para Cuba
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