"CONFLICTOS SOBRE LA MEDICINA CUBANA"Por el Prof.Rolando Alum

sábado, 18 de diciembre de 2010

 
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En su edición de Abril 30, la revista científica estadounidense Science publicó un pequeño artículo en el que se alaban los presuntos logros del sistema de salud pública del régimen de los hermanos Fidel y Raúl Castro en Cuba.(2)
El escrito arguye que, a pesar del boicot comercial de EE.UU. contra el longevo régimen, sus supuestos avances en la salud pública “son de admirar.”
Pero los autores fallan al aceptar sin cuestionar (grave error en las ciencias) las estadísticas y el discurso del gobierno de La Habana.

Coincidentemente, la prensa internacional hizo eco particular de la ayuda que Cuba ha remitido a Haití a raíz del terremoto de enero.
La paradoja es que el sistema de salud cubano es caótico, y según reportes, la misión médica cubana en Haití ha dependido de la generosidad de las misiones de otros países para suplirles productos fármaco-médicos.
A la verdad, otras naciones latinoamericanas --como la vecina República Dominicana --han proveído individualmente mayor asistencia que Cuba, y a diferencia de Cuba, lo hacen sin ningún alarde con fines propagandísticos.

Para comprender mejor los servicios médicos en Cuba nos referimos al libro de la colega antropóloga Katherine Hirschfeld, Health Politics and Revolution in Cuba Since 1898 (3) el cual los autores del reporte en Science no lo mencionan.
Pero en dicho libro se encuentran las respuestas a las excusas que expone Science sobre el posible efecto que dicho boicot puede ejercer en el sistema de salud cubano.(4)
Precisamente atraída por los proclamados éxitos en la salud pública, Hirschfeld fue a mediados de los 90 a Cuba, en donde devino en otra intelectual extranjera más cuyo idealismo ingenuo se desvaneció al experimentar en carne propia la realidad orwelliana cubana, especialmente, cuando contrajo la fiebre del dengue.
Pero, como las autoridades habían declarado que esa enfermedad había sido “erradicada,” irónicamente ella no podía ser diagnosticada correctamente.

La joven estadounidense fue internada en un hospital de Santiago de Cuba en donde tuvo una experiencia surrealista estilo kafkiana: lo encontró militarizado (como lo son casi todas las instituciones allá), antihigiénico, sobrepoblado de pacientes, subequipado, y atendido por escasos facultativos, por lo que nunca fue examinada médicamente.
Contradictoriamente, Cuba envía rutinariamente personal médico supuestamente "de exceso"-- a la Venezuela del inestable ex-golpista militarote Hugo Chávez,en donde muchos de los jóvenes cubanos desertan, pasando luego a otros países como Colombia.
La autora concluye que el sistema de salud “socialista” --que comenzó en 1959 con el arribo al poder de la familia Castro (inicialmente con gran apoyo popular)-- llegó, con el tiempo, a todos los rincones del país; pero, confirmando los testimonios por décadas de numerosos observadores y de los ya millones de exilados, esto acarrea un caro precio político-opresivo ya que la estructura médico-social forma parte del complicado aparato represivo de control socio-legal. Todo personal médico es considerado un "soldado revolucionario" incluso entrenado para espiar a sus propios pacientes.
Hirschfeld clasifica los servicios de salud cubanos en tres estratos "claramente desiguales," una especie de apartheid socio-médico.
El primero es para los privilegiados de la suprema gerencia gubernamental reinante y ciertos extranjeros (los huéspedes gratuitos gubernamentales, así como los “turistas de la medicina” que pagan con los “malditos” pero codiciados dólares).
Esta “clase primera" es la que tanto celebran ciertos intelectuales y personalidades extranjeras que se convierten en portavoces del gobierno al repetir las consignas oficialistas.
El segundo estrato --de inferior calidad-- es para la población común. A diferencia de lo que difunde el discurso oficialista, los servicios médicos no son un derecho, sino un privilegio condicional otorgado por la dirigencia política a la que el pueblo tiene que demostrarle gratitud eterna, tal como ocurría con casi todos los aspectos cotidianos en Haití bajo la dinastía dictatorial de Papa y Baby Doc Duvalier (1957-86), así como bajo el tirano Trujillo en República Dominicana (1930-61).
El gobierno crea intencionalmente un clientelismo dependiente del omnipotente estado --como lo es casi todo lo demás allá-- y funciona en coordinación con los Comités de ciertos extranjeros (los huéspedes gratuitos gubernamentales, así como los “turistas de la medicina” que pagan con los “malditos” pero codiciados dólares). Esta “clase primera" es la que tanto celebran ciertos intelectuales y personalidades extranjeras que se convierten en portavoces del gobierno al repetir las consignas oficialistas.
El segundo estrato --de inferior calidad-- es para la población común. A diferencia de lo que difunde el discurso oficialista, los servicios médicos no son un derecho, sino un privilegio condicional otorgado por la dirigencia política a la que el pueblo tiene que demostrarle gratitud eterna, tal como ocurría con casi todos los aspectos cotidianos en Haití bajo la dinastía dictatorial de Papa y Baby Doc Duvalier (1957-86), así como bajo el tirano Trujillo en República Dominicana (1930-61).
El gobierno crea intencionalmente un clientelismo dependiente del omnipotente estado --como lo es casi todo lo demás allá-- y funciona en coordinación con los Comités de Vigilancia (la versión cubana de los “caliés,” los espías de barrio dominicanos bajo Trujillo). Por lo tanto, los marginados y disidentes políticos confrontan una grave desventaja médica. Esto se comprobó hace semanas cuando se presentaron en las salas de emergencia habaneras varias “Damas de Blanco” quienes habían sido víctimas de golpizas propinadas por turbas (la versión castrista de los Tonton Macoutes duvalieranos); pero a los médicos que las atendieron se les prohibió indicar en sus informes el origen legítimo de los traumas de esas pacientes.
Por cierto, aclaremos que las Damas de Blanco --quienes parecen ser mayormente afro-cubanas-- son principalmente familiares de jóvenes encarcelados, incluyendo algunos médicos que el régimen también niega que sean prisioneros políticos, por lo que se ha propuesto a nivel internacional el catalogarlos como secuestrados por el gobierno.
La tercera categoría de cuidado médico la constituye una vasta red informal --parte del mercado negro-- a la que el cubano promedio recurre al no poder depender del sistema oficial. Típicamente, profesionales de la medicina ejercen clandestinamente a cambio de efectivo o de pagos en especie (por ej., medicamentos y enseres domésticos, generalmente robados de agencias estatales o enviados por exilados).
Efectivamente, los cuidadosos datos de Hirschfeld confirman que un sinnúmero de servicios depende de los envíos caritativos del Exilio, el cual es insólitamente blanco de constantes ataques histriónicos llenos de odio inmisericorde por parte del régimen y sus más estridentes partidarios extranjeros (ej. insultos etnocéntricos tales como “la mafia de Miami y Nueva Jersey”).
En nuestro artículo anterior en La Voz (5) comentábamos sobre los paralelos entre algunos dictadores pasados y presentes, tanto de la supuestas “derecha” como de la “izquierda,” que ridículamente pretenden ser vitalicios. Sus apologistas usualmente encuentran excusas que los justifiquen: Los trujillistas se jactaban de que, resonante de Mussolini, Trujillo había “puesto al país en el mapa mundial.” Al igual, la dictadura “revolucionaria” cubana --ahora con un toque de dinastía gerontocrática monárquica (pasándose el poder de envejeciente hermano a hermano)-- arguye que ha convertido a ese relativamente pequeño país-isla en una “potencia médica mundial.” Esa es la imagen que presenta Science, revista que, irónicamente, es patrocinada por la Asociación Americana Para el Avance de la Ciencia (AAAS).
Afortunadamente, ya un par de años atrás, Hirschfeld había desmoronado ese mito con cuidadosas estadísticas y observaciones vivenciales propias; pero poco vale si Science ignora esas investigaciones.
Aun así, quizá Hirschfeld no da el crédito suficiente que se merece la Cuba de ayer. La era republicana (1902-59) --aunque imperfecta (ej, la dictadura de siete años de Batista)-- alcanzó niveles socio-médicos muy superiores en las apenas cinco décadas que siguió a la intervención estadounidense (1898-1902) que finalizó la Guerra de Independencia (1895-98).
El limitado espacio no nos permite esbozar otros temas relacionados, como son: a) la alta incidencia de abortos y la baja tasa de natalidad en Cuba; b) la desnutrición sin precedentes [insólito en una isla agricultoramente rica]; c) el abuso de la Psiquiatría como un arma tipo fascista de cruel subyugación; d) la alarmante alta incidencia de depresión mental [a pesar de la manipulación de las estadísticas oficiales, se sabe que Cuba tiene la tasa de suicidio más alta en el continente, tal como lo indica José Azel en MAñANA IN CUBA {University of Miami, 2010}].
No obstante, más tarde o más temprano, el mundo exterior llega a conocer la verdad sobre las vicisitudes de la vida diaria de un pueblo oprimido, como finalmente se pudo verificar en la Europa oriental al caer el sistema soviético-comunista.
Mientras tanto, recordemos que el rol de todo científico legitimo es el de
recolectar datos y de reportarlos lo más objetivamente posible; y en esto, la profesora Hirschfeld se ha ganado un merecido respeto en su descripción del sistema médico cubano. Por lo contrario, Science hace el ridículo al repetir consignas oficialistas, en vez de utilizar métodos empíricos (ver Nota 4), como es de esperarse de académicos comprometidos con la búsqueda de la verdad científica.



-- NOTAS –



1. Antropólogo/sociólogo radicado en New Jersey (Rolandnj@Yahoo.com). El autor agradece la colaboración de Alex Alum

(Esq.), Roberto Bustamante, Lourdes Gil, María Angélica Martín, y Octavio de la Suarée, entre otros.

2. Paul Drain & Michele Barry, “Fifty years of U.S. embargo; health outcomes and lessons,” Science (Vol. 328:572-73).

3. (N.J.: Transaction Books, 2008); en español sería “Salud, política y revolución en Cuba desde 1898.”

4. El boicot comercial --mal llamado “embargo”-- es un tema muy complejo. Tal como lo apunta Hirschfeld, Cuba comercia libremente con el mundo entero, y desde hace años incluso

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