"SI HAY OTRA CUBA,NO LA VI"Por Mario Alegre Barrios,"El Nuevo Dia"

sábado, 24 de septiembre de 2011




Si hay otra Cuba, no la vi, solo encontré esta, triste, desesperanzada


Sé que no voy a regresar a Cuba… al menos no mientras las cosas sigan como están. No mientras el Gobierno se sienta con derecho de decidir con quién hablo y con quién no, de decirme lo que debo escribir, lo que debo callar, de advertirme que de esa obediencia depende si me permite o no entrar nuevamente al país.

Los países no están hechos de gobiernos, de congresos ni de funcionarios, sino de gente y fui a Cuba precisamente para ver, para escuchar, para respirar, para sentir a su gente, más allá del discurso oficial cuya retórica de poco más de medio siglo es -por lo que vi, por lo que escuché, por lo que respiré, por lo que sentí- poco menos que el libreto de una tragicomedia que se esfuerza por justificar lo que la realidad hace injustificable.

Desde Pinar del Río a Santa Clara, con La Habana como centro, conocí una Cuba triste, con una melancolía perpetua, una Cuba dominada por la desesperanza y la rabia, agobiada por las estrecheces y la certeza de que las cosas no mejorarán.

Si hay otra Cuba, sinceramente no la vi, no la encontré, a pesar de lo que me gritan algunas buenas conciencias, indignadas porque he escrito, no lo que me contaron, sino lo que vi, lo que escuché, lo que respiré, lo que sentí.

Esos amigos -creo- cuestionan exaltados la ausencia de la voz del Gobierno en los textos de estos días. Les respondo: el Gobierno de Cuba no quiso hablar.

El funcionario del Centro Internacional de Prensa -quien decide qué periodista extranjero entra a Cuba y define cómo debe ejercerse el oficio- jamás concretó el acceso a funcionarios que pudiesen contestar con respuestas específicas a mis preguntas específicas, sin rodeos panfletarios y referencias a discursos de Fidel de la década de los ochenta.

Ni la solicitud de entrevistas a personas tan concretas como Raúl ,Alarcón ni los cuestionarios que posteriormente se enviaron con preguntas concretas tuvieron frutos.

Cuando al funcionario en cuestión le dije que iba a publicar sin esas respuestas, lo tomó como una amenaza -me dijo- y me retiró su amistad, algo que obviamente nunca existió.

Y escribí. Luego de los primeros artículos, alguien me escribió una larga diatriba en la que, del segundo párrafo, salté al final y su sentido “lamento” por lo que considera una oportunidad perdida de mi parte de hacer “un trabajo de altura”.

Con todo respeto, yo no lo lamento. Ni mis textos ni su lamento. Aquí lo único para lamentar es la tragedia perpetua de la inmensa mayoría de los cubanos, su orfandad de un proyecto coherente de futuro y el silencio de un gobierno que parece no tener respuestas. O quizá sí las tiene, solo que a quienes están con el régimen no les gustan.

En Cuba dejé gente muy querida: Benito, Yale, Vivian, Anita, Reinaldo, Yoani, Guillermo… No sé si los volveré a ver. El tiempo dirá… ni el Gobierno cubano ni yo, solo el tiempo…

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