"EL OPROBIO DE NEGOCIAR CON TIRANOS"Por Alfredo M. Cepero.Director de www.lanuevanacion.com.

lunes, 13 de junio de 2011





“Clava, con furia de mano esclava, sobre su oprobio al tirano”, José Martí.

La confrontación entre el bien y el mal en la nación cubana se ha prolongado por demasiado tiempo. Los dos monstruos que oprimen a nuestro pueblo son los gobernantes en funciones que, con excepción de la Reina Isabel de Inglaterra y el dictador malasio Tuanku Abdul Halim, han detentado el poder por mayor número de años en el último siglo. Y cuando los comparamos con gente de su misma ralea, superan con creces en cuanto a años en el poder a Trujillo. Somoza, Stroessner, Franco, Batista, Mao, Mussolini y Hitler. A propósito excluyo a Pinochet porque, a pesar de haber alterado el ritmo constitucional de Chile, celebró elecciones libres y entregó una nación mucho mejor de la que arrebató de las garras de Castro y Allende.

Una de las consecuencias de esta extenuante lucha ha sido que, debido a lo prolongado del proceso, muchos cubanos que durante años fueron partidarios del régimen hoy son contemplados como adalides del cambio. Y eso no es necesariamente malo pero complica el proceso de definición de las metas y de organización de las estructuras de cualquier gobierno que sustituya al actual gobierno comunista. Otra ha sido el olvido al que han sido relegados los héroes y mártires que se enfrentaron a la tiranía en sus primeros años. Pero la consecuencia más lamentable ha sido el deterioro de nuestros valores morales tradicionales seguidos por el rampante escepticismo y el venenoso materialismo que han hecho presa de nuestros jóvenes. Los mismos sobre cuyos hombros tendrá que ser erigida la nueva nación cubana.

Quizás por esos motivos hemos sido testigos de tal diversidad de proyectos encaminados a la restauración de la democracia en nuestra patria que han ido desde lo heroico a lo ridículo, pasando obligatoriamente por lo trágico. La última versión de este muestrario es la declarada intención de un exitoso empresario cubano de la diáspora de invertir en la finca privada en que han convertido a nuestra isla dos discípulos aventajados de un latifundista que aumentaba el tamaño de la suya moviendo las cercas en medio de la noche.

Visto de manera positiva, es probable que Carlos Saladrigas actúe motivado por sentimientos patrióticos y voluntad de servicio a nuestros hermanos dentro de Cuba. Un gesto digno de elogio que contrasta con la indiferencia de la gran mayoría de nuestros compatriotas en el exilio. Pero—así como reza el refrán de que “el camino del infierno está pavimentado de buenas intenciones”—los cubanos sabemos que muchos de nuestros esfuerzos para restaurar la democracia en nuestra patria han estado plagados de tales errores que, en vez de liberarnos de los tiranos, han prolongado nuestro infierno nacional.

Y, en este caso, el empresario devenido en activista político incurre en un error monumental. Dicho en buen cubano “está confundiendo la gimnasia con la magnesia”. No es lo mismo tener éxito empresarial en un sistema de libre empresa con garantías jurídicas que en un sistema de absoluto control estatal y sujeto a los caprichos de dos consumados ladrones. Una gente que juega con las cartas marcadas y, por encima de ello, hace trampas. Para demostrar ese error, nos proponemos formular algunas preguntas que no le fueron formuladas por la prensa solícita—tanto impresa como televisada—que lo ha entrevistado con respecto a sus planes.

En una entrevista con un diario de la ciudad de Miami, Saladrigas dijo que “sería éticamente inaceptable que se le permita invertir en Cuba en calidad de inversor extranjero, si no se le ofrece la misma oportunidad a los cubanos que residen en Cuba”. Nos preguntamos, ¿piensa este hombre convencer a aquellos dos delincuentes para que cambien la política de utilizar la miseria como instrumento de control y terror sobre el pueblo de Cuba? Los tiranos saben que un ciudadano próspero no puede ser mantenido en la esclavitud y que un hombre hambriento no tiene energías ni tiempo para enfrentarse a la opresión. Por eso rechazaron la “perestroika” de Gorbachev e intensificaron la represión contra el pueblo que odian después de la caída del Muro de Berlín en 1989.

Otra pregunta primordial, ¿se ha detenido a analizar que su plan no tiene la más mínima probabilidad de ser implementado sin el beneplácito de Raúl Castro? En este sentido nos preocupa la respuesta ambigua del entrevistado cuando le preguntaron si, como requisito a sus inversiones, estaría dispuesto a aceptar condiciones estipuladas por el actual gobierno de Cuba. Saladrigas dijo que “depende de las reglas”. ¡Ah, no cerró la puerta a una negociación directa con el gobierno comunista! Tenemos la impresión de que, en un futuro cercano, lo veremos dar marcha atrás en esta posición cuando comprenda la falacia de su argumento y reciba el embate de intensas críticas por parte de amplios sectores del exilio que no quieren libertad sin honor.

Y nos seguimos preguntando, ¿piensa por un momento que los dioses de la religión castrista le van a permitir que él desempeñe el papel de salvador del pueblo de Cuba? ¿Recuerda Saladrigas que los jerarcas del régimen se negaron a aceptar ayuda exterior durante devastadores huracanes porque no se les dio el control absoluto de su distribución? La revolución es fuente de todo lo bueno. Washington representa el odioso imperio y el exilio de Miami es una mafia inmunda. Ese es el padre nuestro de una religión satánica que aspira a la eternidad en el poder. Para aquella gente, Saladrigas es una de las cabezas más visibles y detestables de nuestra mafia. Y aunque ponga cara de bueno y les de acceso a su cuenta bancaria jamás se lo habrán de perdonar.

Ya dentro de un contexto más genérico, ¿ha aprendido de la historia que los tiranos interpretan la tolerancia como debilidad y las concesiones como apaciguamiento? La claudicación de Chamberlain en el Munich de 1938 envalentonó a Hitler para invadir a Checoslovaquia y la fascinación de la izquierda norteamericana con el abuelito Stalin, con las consiguientes capitulaciones en Yalta y en Potsdam, le confirmaron al carnicero estepario que tendría luz verde para tragarse a media Europa. Y se la tragó en 1945. En nuestra historia nacional, ¿dónde están los progresos de la política pusilánime de Jimmy Carter, el diálogo traidor de miembros del exilio cubano, la complicidad silenciosa del Vaticano y el contubernio cobarde del socialismo español?

Y seguimos con el cuestionario, ¿qué lo motiva a entrar en sociedad con una gente que no paga sus deudas y despoja a sus socios después de explotarlos? Ahí están los ejemplos de empresarios españoles, italianos y mexicanos que no solo fueron robados sino amenazados con la cárcel si no aceptaban el robo de buen grado. Otro factor a tomar en cuenta es la lista interminable de los acreedores castristas que hacen fila en el Club de Paris con la remota esperanza de cobrar una proporción ínfima de sus multimillonarias deudas.

A mayor abundamiento, ¿ha tomado en cuenta las experiencias y declaraciones de quienes conocen el monstruo porque no solo han vivido en sus entrañas sino han sufrido sus garras en carne propia? Le sería de gran utilidad escuchar las opiniones de los presos de la Primaveras Negra, entre ellos a un vertical Oscar Elías Biscet quien ha dicho: “Estoy en disposición de conversar con funcionarios del régimen pero jamás con ninguno de los Castro”. Y sobre el embargo, Biscet ha dicho: “Deseo el levantamiento del embargo pero únicamente cuando se hayan ido los Castro”. Mas claro ni el agua ni mas valiente tampoco.

Y la última pregunta, ¿se atribuye poderes tan sobrenaturales de persuasión como para humanizar a los hijos del diablo en la Tierra? Creo que esos serían los poderes necesarios para convencer a los Castro a que pongan la felicidad y el bienestar del pueblo de Cuba por encima de su obsesión de permanecer en el poder hasta el último segundo de sus miserables vidas. En nuestra opinión este proyecto está destinado a un boleto de primera clase al basurero de la historia porque no es ni serio, ni práctico, ni tiene la más mínima posibilidad de éxito.

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